sábado, 1 de julio de 2017

Lengua y habla

Lengua

Inicialmente, la lengua, a diferencia del lenguaje, no alude a una facultad, ya que se adquiere, se enseña y se aprende. Por tanto, se considera “como un sistema de elementos fonéticos y morfológicos que se rige por unas reglas, que presenta unos niveles y que se puede diferenciar en el orden estructural o significativo de acuerdo con el conglomerado de hablantes y los territorios que ocupe geográfica y políticamente”.
Es así como desde una perspectiva biológica, la lengua, a diferencia del lenguaje, sí se adquiere, dependiendo de las condiciones humanas, políticas, étnicas, religiosas y geográficas que han dado lugar a las diversas culturas y a los diversos pueblos que han ocupado los distintos espacios simbólicos y rituales de la extensión ideológica y lingüística del mundo.
Desde otra perspectiva, la lengua es considerada un sistema de signos, los cuales dan lugar a la aprensión y aprehensión de la cultura; de manera que una vez experimentada esta forma de representación del mundo, va adquiriendo unas características propias, específicas y diferenciadas dentro de los diversos grupos humanos e históricos. Sin embargo, estas características no son inamovibles, sino que las lenguas se modifican con el tiempo, según las necesidades adaptativas y las circunstancias de complejidad cultural específicas.

Habla

El habla es la concreción de cualquier sistema lingüístico, es decir, de cualquier lengua, ya que es la que permite reconocer la manera como los individuos, pertenecientes a un mismo conglomerado social y cultural, hacen adecuaciones, realizan transformaciones o se permiten ciertos usos que los hacen singulares en su condición de hablantes de una lengua. El habla, además, tiene que ver con factores sociales, económicos, regionales, situacionales, contextuales, comunicativos e intencionales, que inciden en las prácticas que realizan los sujetos en su cotidianidad.
En casos más concretos, el habla permite diferenciar subgrupos humanos en los distintos espacios de una misma cultura. Es a través del habla que los individuos comparten intereses, motivaciones y un principio de identidad, como en el caso de los jóvenes, o una identificación de orden social, como en el caso de los diversos sectores de la sociedad, en donde se observa un uso de lengua propio de su visión de mundo y de sus posibilidades de acceder a las prácticas laborales y existenciales propias de otros sectores, o de la influencia que ejercen los medios en menor o mayor medida. Todo ello a partir del planteamiento de necesidades, prototipos y esquemas de habla y de conducta en cada grupo, sin importar su preparación académica o su nivel cultural.

Adicionalmente, el habla permite la configuración de grupos humanos específicos, enmarcados o caracterizados por prácticas diferenciadas y diferenciadoras, bien sea a nivel fonético (rasgos de pronunciación o articulación de las palabras), en el plano léxico (tipo de palabras y significado o sentido que adquieren), o en el orden pragmático (el uso de las palabras con fines comunicativos o identitarios singularizantes).

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