Lengua
Inicialmente, la lengua, a
diferencia del lenguaje, no alude a una facultad, ya que se adquiere, se enseña
y se aprende. Por tanto, se considera “como un sistema de elementos fonéticos y
morfológicos que se rige por unas reglas, que presenta unos niveles y que se
puede diferenciar en el orden estructural o significativo de acuerdo con el
conglomerado de hablantes y los territorios que ocupe geográfica y
políticamente”.
Es así como desde una perspectiva
biológica, la lengua, a diferencia del lenguaje, sí se adquiere, dependiendo de
las condiciones humanas, políticas, étnicas, religiosas y geográficas que han
dado lugar a las diversas culturas y a los diversos pueblos que han ocupado los
distintos espacios simbólicos y rituales de la extensión ideológica y
lingüística del mundo.
Desde otra perspectiva, la lengua
es considerada un sistema de signos, los cuales dan lugar a la aprensión y
aprehensión de la cultura; de manera que una vez experimentada esta forma de
representación del mundo, va adquiriendo unas características propias,
específicas y diferenciadas dentro de los diversos grupos humanos e históricos.
Sin embargo, estas características no son inamovibles, sino que las lenguas se
modifican con el tiempo, según las necesidades adaptativas y las circunstancias
de complejidad cultural específicas.
Habla
El habla es la concreción de
cualquier sistema lingüístico, es decir, de cualquier lengua, ya que es la que
permite reconocer la manera como los individuos, pertenecientes a un mismo
conglomerado social y cultural, hacen adecuaciones, realizan transformaciones o
se permiten ciertos usos que los hacen singulares en su condición de hablantes
de una lengua. El habla, además, tiene que ver con factores sociales, económicos,
regionales, situacionales, contextuales, comunicativos e intencionales, que
inciden en las prácticas que realizan los sujetos en su cotidianidad.
En casos más concretos, el habla
permite diferenciar subgrupos humanos en los distintos espacios de una misma
cultura. Es a través del habla que los individuos comparten intereses,
motivaciones y un principio de identidad, como en el caso de los jóvenes, o una
identificación de orden social, como en el caso de los diversos sectores de la
sociedad, en donde se observa un uso de lengua propio de su visión de mundo y
de sus posibilidades de acceder a las prácticas laborales y existenciales
propias de otros sectores, o de la influencia que ejercen los medios en menor o
mayor medida. Todo ello a partir del planteamiento de necesidades, prototipos y
esquemas de habla y de conducta en cada grupo, sin importar su preparación
académica o su nivel cultural.
Adicionalmente, el habla permite
la configuración de grupos humanos específicos, enmarcados o caracterizados por
prácticas diferenciadas y diferenciadoras, bien sea a nivel fonético (rasgos de
pronunciación o articulación de las palabras), en el plano léxico (tipo de
palabras y significado o sentido que adquieren), o en el orden pragmático (el
uso de las palabras con fines comunicativos o identitarios singularizantes).
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